Libro: “Reconstrucción monetaria” de Ludwig von Mises (Parte 8)

La propaganda pro-inflacionista hace hincapié al presente en el pretendido hecho de que el patrón oro fracasó y de que nunca se volverá a ensayar: las naciones no se encuentran ya dispuestas a observar las reglas del juego del talón oro y a soportar todos los costos que exige su mantenimiento.

Antes que todo es preciso recordar que el patrón oro no fracasó. Los gobiernos lo suprimieron con el objeto de preparar el camino a la inflación. Todo el torvo aparato del apremio y la coacción -la policía, los guardias aduaneros, los tribunales penales, las prisiones, en algunos países inclusive los verdugos- hubieron de ponerse en movimiento a fin de destruir el patrón oro. Fue necesario romper pactos solemnes, promulgar leyes retroactivas, contravenir abiertamente los preceptos de las constituciones y las declaraciones de derechos. Entonces, una caterva de escritores serviles alabaron lo que los gobiernos habían hecho y saludaron el advenimiento de la nueva era feliz del dinero signo creado por fiat gubernamental.

Lo que más impresiona en el caso de esta pretendida nueva política monetaria, sin embargo, es su completo fracaso. Es verdad que sustituyó la moneda sana con moneda de papel sin valor intrínseco en los mercados domésticos y que benefició a los intereses materiales de ciertos individuos y grupos a expensas de otros. Además contribuyó considerablemente a la desintegración de la división internacional del trabajo. Mas no por eso consiguió eliminar al oro de su posición como patrón internacional o mundial. Basta echar una mirada a la página financiera de cualquier diario para descubrir inmediatamente que el oro, y no los abigarrados productos de las oficinas impresoras de los diversos gobiernos, sigue siendo la moneda universal. Estos jirones de papel son más estimados mientras más estable es su precio por comparación a una onza de oro. Quien hoy día se atreve a insinuar la posibilidad de que las nacionaes vuelvan a un patrón oro doméstico es acallado como si estuviera loco. Es posible que durante algún tiempo se siga amedrentando a la gente en esta forma. Sin embargo, la posición del oro como patrón universal resulta inexpugnable. La política de «abandonar el patrón oro» no ha librado a las autoridades monetarias de un país de la necesidad de tomar en cuenta el precio en oro de la unidad monetaria.

Libro: “Reconstrucción monetaria” de Ludwig von Mises (Parte 7)

Dejemos el problema de si es o no aconsejable basar un sistema de hacienda pública en el engaño intencional de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Basta con hacer hincapié en que esa capciosa política resulta frustránea. Aquí resalta la verdad de la famosa sentencia de Lincoln, relativa a que no es posible embaucar a todo el pueblo perpetuamente. Con el tiempo, las masas llegan a comprender los ardides de sus gobernantes. Entonces caen por tierra los planes de inflación tan hábilmente confeccionados. A pesar de lo que hayan dicho los complacientes economistas oficiales, el inflacionismo no es una política monetaria que pueda considerarse como una alternativa a una política de moneda sana. Cuando más, representa un expediente temporal. El problema principal de una politica inflacionaria estriba en detener ésta antes de que las masas hayan descubierto los artificios de sus gobernantes. El hecho de recomendar abiertamente un sistema monetario que únicamente puede operar si sus rasgos esenciales se ignoran por el pueblo, entraña una gran dosis de ingenuidad.

Los números índices constituyen un medio muy crudo e imperfecto de «medir» los cambios que ocurren en el poder adquisitivo de la unidad monetaria. Como en el campo de los asuntos sociales no existen relaciones constantes entre determinadas magnitudes, ninguna medición es posible y la economía jamás puede convertirse en cuantitativa. Pero el método de los números índices, a pesar de los inadecuado que es, desempeña un papel importante en el proceso que, a lo largo de un movimiento inflacionario, determina que el pueblo se dé cuenta de la inflación. Una vez que el uso de los números índices se generaliza, el gobierno se ve obligado a retardar el ritmo de la inflación y a hacer que la gente crea que la política inflacionaria representa un expediente provisional, adoptado mientras dure una situación crítica que se espera que pasará, por lo cual dicha política cesará antes de mucho. Mientras los economistas oficiales todavía elogian la superioridad de la inflación como sistema permanente de manejar la moneda, los gobiernos se ven forzados a proceder con circunspección al aplicarla.

Es lícito calificar como carente de probidad a una política de inflación deliberada, toda vez que los efectos que se buscan mediante su aplicación, únicamente pueden alcanzarse si el gobierno logra engañar a la mayoría del pueblo sobre las consecuencias de dicha política. Mucho de los campeones de políticas intervencionistas no sentirán mayores escrúpulos con motivo de esta especie de superchería, pues, a sus ojos, lo que el gobierno hace nunca es reprobable. Pero su altiva indiferencia moral está perdida cuando se trata de oponer una objeción al razonamiento económico en contra de la inflación. A los ojos del economista, la cuestión fundamental no radica en que la inflación sea censurable desde un punto de vista moral, sino en que no puede funcionar salvo cuando se recurre a ella con gran moderación y, aun en ese supuesto, exclusivamente durante un período limitado. De ahí que el recurso a la inflación no pueda considerarse seriamente como una alternativa a un patrón permanente como el constituído por el talón oro.

La «mano» no tan invisible de Adam Smit

Con respecto a la famosa metáfora de Adam Smith de «la mano invisible»:

«Carlos Rodriguez Braun señala con muy buen criterio que en verdad es engañosa porque no hay allí ninguna mano, ni siquiera invisible, sino que

son los incentivos de cada uno por los que para obtener lo que queremos tenemos que ofrecer a los demás algo que ellos necesiten y valoren. Pero es la magia de que allí, en el mercado, se ordenan las acciones de todos de una forma que termina beneficiándonos como no lo podríamos hacer si actuáramos con esa intención

(por ejemplo, planificando la economía hacia un supuesto bienestar general).

Esta es una de las contribuciones más importantes que se hayan realizado a las ciencias sociales: la existencia de ciertos órdenes espontáneos donde las partes componentes se acomodan a sí mismas y no hay nadie que las acomode en un cierto lugar. Esos órdenes espontáneos incluyen además de los mercados, al lenguaje, la moral, la moneda y otros».

Nota completa en:

https://bazar.ufm.edu/las-dos-paginas-mas-memorables-la-economia-adam-smith-interes-propio-la-mano-invisible-conocimiento-disperso/

«Esperando la señal» Análisis técnico del $MERVAL $SPX $GGAL $TWTR $AMD $NETFLIX $BTC y $ETH

En esta edición analizamos a nuestro principal índice que espera drivers para arrancar una carrera que podría llevarlo rápidamente a máximos históricos (en pesos, claro). Estudiaremos además un índice de referencia en un momento sumamente complicado y varios activos, con el estilo pedagógico que caracteriza a AT Bursátil.

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Curso para inversores bursátiles (clase 6): Operaciones de bolsa I

Clase 6 | OPERACIONES DE BOLSA I | Rubén Pasquali

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Libro: «Reconstrucción monetaria» de Ludwig von Mises (Parte 6)

Quienes así se entusiasman con la inflación no percibem que sus efectos dependen de la condición de que el público los ignore y que deja de funcionar tan pronto como el mayor número se da cuenta de la forma en que obra sobre la unidad monetaria. En épocas normales, es decir, cuando el gobierno no se entromete con el patrón monetario, la gente no se ocupa de esta clase de problemas. Ingenuamente da por supuesto que el poder adquisitivo de la unidad monetaria es «estable». Fija su atención en los cambios que ocurren en los precios en dinero de los diversos artículos. Sabe muy bien que las proporciones en que algunos de éstos se cambian por otros son variables. Pero no se da cuenta del hecho de que la proporción en que se cambia el dinero, por una parte, y todas las mercancías y servicios, por la otra, también es variable. Cuando las consecuencias inevitables de la inflación aparecen y los precios se remontan a gran altura, piensa que las mercancías se vuelven caras y no comprende que es el dinero el que se está haciendo más barato. En las etapas iniciales de una inflación, son muy pocas las personas que disciernen lo que está ocurriendo, que administran sus negocios de acuerdo con esta percepción y que tienden deliberadamente a la obtención de ganancias provenientes de la inflación. La inmensa mayoría es demasiado obtusa para interpretar correctamente la situación. Continúa dentro de la rutina a que se acostumbró en los períodos en que no había inflación. Llena de indignación, ataca con el nombre de «especuladores» a quienes perciben más prontamente las causas verdaderas de la intranquilidad del mercado y los culpa del apuro en que se encuentra. Esta ignorancia del pueblo constituye la base indispensable para una política inflacionaria. La inflación funciona mientras el ama de casa piensa: «necesito mucho una nueva sartén. Pero los precios están demasiado altos en la actualidad; esperaré hasta que bajen nuevamente». Termina abruptamente cuando la gente descubre que la inflación seguirá, que es la causa del alza de precios y que, por tanto, éstos subirán hasta el infinito. La etapa crítica comienza cuando el ama de casa piensa: «no necesito una nueva satén ahora, pero es posible que la necesite en uno o dos años. Sin embargo, la compraré desde luego porque más tarde será mucho más cara». Ya entonces está próximo el final catastrófico de la inflación. En su última etapa, el ama de casa piensa: «no necesito otra mesa y nunca la necesitaré. Pero es más prudente comprar una mesa que conservar un minuto más éstos pedazos de papel a que el gobierno llama dinero».

Curso para inversores bursátiles (clase 5): La información al público inversor

Clase 5 | LA INFORMACIÓN AL PÚBLICO INVERSOR | Liliana Forciniti

  • Estados financieros anuales y trimestrales: contenido requerido según la normativa NIIF (vigencia 01-01-12).
  • Estados de situación financiera, de resultados (integrado y/o separado), de cambios en el patrimonio, de flujos de efectivos y notas a los estados financieros.
  • La información relevante: actos y hechos que deben ser informados especialmente.
  • Medios bursátiles de difusión.

📚Material utilizado en la clase 👉https://bit.ly/3czuPbo

👉Bibliografía en PDF con descarga gratuita: https://www.fundacionbolsa.com.ar/pub…

Analisis Técnico: resumen semanal 02.05.2021

Por Christian Díaz

“Sell in may and go away” (vende en mayo y vete) es una frase sumamente conocida en bolsa y obedece a que, estadísticamente, los meses comprendidos entre noviembre-abril fueron más rentables que los analizados en el período mayo-octubre.

Es importante aclarar que este enunciado no define que a partir de mayo los índices necesariamente tendrán una performance negativa, simplemente indica que el rendimiento es menor comparado con el otro período…

Informe completo en:

https://www.rosariofinanzas.com.ar/analisis-tecnico-resumen-semanal-02-05-2021/

Libro: «Reconstrucción monetaria» de Ludwig von Mises (Parte 5)

Por supuesto que semejante política de inflacionismo radical es extraordinariamente popular. Pero su popularidad se debe, en gran parte, al concepto erróneo que se tiene de sus efectos. Lo que la gente pide en realidad es un alza en los precios de las mercancías y servicios que vende, a la vez que permanezcan sin variación los precios de las mercancías y servicios que compra. El cultivador de patatas trata de conseguir mayores precios por éstas, pero no desea que suban los de otros artículos. Si estos últimos aumentan con más rapidez o en mayor proporción que el precio de las patatas, saldrá perjudicado. Cuando un político dirige la palabra a un mitin y declara que el gobierno debe adoptar una política que se traduzca en la elevación de los precios, sus oyentes probablemente aplaudirán. Si embargo, cada uno de ellos estará pensando en la elevación de precios diferentes.

Desde tiempo inmemorial se ha aconsejado la inflación como medio de aliviar las cargas de los deudores pobres y meritorios, a expensas de sus acreedores ricos y exigentes. Sin embargo, en el capitalismo, los deudores típicos no lo son los pobres, sino los propietarios acomodados de bienes raíces de negociaciones y de acciones comunes, es decir, gentes que han obtenido préstamos de los bancos comerciales y de ahorros, de las compañías de seguro y de los inversionistas en valores. Los acreedores típicos no lo son los ricos, sino gente de recursos modestos que poseen valores y cuentas de ahorros o que han suscrito pólizas de seguros. Si el hombre común y corriente apoya las medidas contrarias a los acreedores, lo hace porque ignora el hecho de que él mismo es acreedor. La idea de que los millonarios son las víctimas de una moneda de dinero barato constituye una supervivencia atavista.

Para una mentalidad ingenua existe algo milagroso en la emisión de moneda por simple Fiat gubernamental. Basta una palabra mágica del gobierno para crear de la nada una cosa que puede cambiarse contra cualquier mercancía que un hombre puede desear que sea suya. ¡Qué insignificante resulta el arte de los hechiceros, brujos y nigromantes en comparación con el del ministerio del tesoro de un gobierno! Al decir de los profesores, éste «puede hacerse de todo el dinero que necesite con sólo imprimirlo». Los impuestos tendientes a hacerse de recursos se han vuelto «obsoletos», según anunció un presidente del consejo del Banco de la Reserva Federal de Nueva York. ¡Qué maravilla! ¡Y cuánta es la mala fe y misantropía de los empecinados partidarios de la ortodoxia económica de épocas pasadas, que demandan que los gobiernos equilibren sus presupuestos, cubriendo todos los gastos con los ingresos que produzcan los impuestos!