2001: Pánico bancario fatal (Jorge Ávila)

El impacto financiero y emocional del pánico de 1995 fue grande. A partir de entonces, los bancos comerciales entendieron cabalmente el significado práctico de la inconsistencia entre la Convertibilidad y el encaje fraccionario, y el BCRA inició una etapa de refuerzo de las regulaciones prudenciales. El sistema bancario argentino a fines de 2000 era más sólido que a fines de 1994. Desafortunadamente, la conducción política y el manejo técnico de la crisis fueron tan desacertado en 2001 como acertados habían sido en 1995.

Cuatro argumentos de Lagos (2002) ilustran la solidez que había alcanzado el sistema bancario argentino a fines de 2000:

A. Los niveles de desarrollo, competencia, cobertura de servicios y transparencia eran superiores a los de cualquier otro momento de la segunda.mitad del siglo XX; tenía altos coeficientes de liquidez y capitalización en relación con otros países y las redes de seguridad para riesgos individuales u sistémicos normales parecían razonablemente adecuadas.

B. El encaje sobre los depósitos trepaba a 22.9%; era la suma de la caja chica de los bancos, los encajes no remunerados y los encajes remunerados (colocaciones extraordinarias de disponibilidad inmediata); además del encaje, el BCRA había contratado una reserva adicional de carácter contingente del orden de 6.500 millones de dólares, que elevaba el encaje global a un poco menos de 30% de los depósitos.

C. La marcada concentración de los depósitos en grandes bancos y en bancos extranjeros confería estabilidad al sistema; los.diez bancos más grandes capturaban el 73% de los depósitos y los bancos extranjeros, el 49%.

D. Luego de deducir las previsiones, el patrimonio neto del sistema (“colchón” para absorber pérdidas) era de alrededor de 17.000 millones de dólares, prácticamente el doble de lo que exigían las normas presenciales. Consultores y periodistas especializados describían el sistema bancario como un búnker.

La interpretación de la crisis iniciada con el pánico bancario de 2001 es todavía objeto de un agrio debate nacional. No es mi propósito en esta oportunidad aclararlo no acusarlo. Pero necesito arriesgar ciertas hipótesis para evaluar el desempeño del sistema monetario y bancario creado en torno del BCRA. El origen del pánico de 2001 fue interno. Respondió a un cóctel explosivo de tres factores. En primer lugar, el gobierno de la Alianza había heredado una deuda pública que ascendía a 47% del PBI; tal porcentaje no era elevado en comparación con el brasileño o con el requisito exigido para el ingreso a la Unión Europea, sin embargo, el nuevo gobierno declaró de entrada que la deuda era impagable. Este fue un acto de imprudencia que afectaría negativamente el patrimonio de los bancos por una vía directa, ya que estos tenían en cartera importantes posiciones de bonos públicos, y por una vía indirecta, pues la eventualidad de un default es una causa suficiente para detonar una cadena de aumento de la prima de riesgo-país, salida de capitales, recesión, mora, y menor recupero de préstamos e intranquilidad del público depositante. En segundo lugar, la Alianza era un aparato electoral ideológicamente heterogéneo y políticamente inestable que ya en octubre de 2000 empezó a estremecerse con la renuncia del vicepresidente de la Nación. Este hecho elevó la prima de riesgo argentino y acarreó los primeros trastornos en la renovación de la deuda, los cuales pudieron superarse transitoriamente merced a una operación excepcional de refinanciación acordada con el FMI (“blindaje”). En tercer lugar, los errores técnicos que se cometieron después de iniciado el pánico en marzo de 2001. Entre marzo y noviembre lo depósitos cayeron un 24%. La primera ronda ocurrió en marzo (caída de 88.000 millones de dólares a 83.000 millones); la segunda en julio y agosto (caída de 83.500 millones a 75.000 millones), y la tercera, en noviembre (caída de 75.000 millones a 69.000 millones). El 3 de diciembre se instauró el así llamado corralito bancario (especie de lock-out dispuesto po el propio gobierno).

La siguiente cronología, armada sobre la base de Schuler (2002) y Lagos (2002), es una síntesis ilustrativa de los más importantes acontecimientos y de las principales medidas que tomó el gobierno para paliar, y agravar, la iliquidez del sistema bancario.

. Febrero: Legisladores oficialistas lanzan graves acusaciones contra el sistema bancario.

. Marzo: El primer ministro de Economía de la Alianza renuncia a su cargo el dia 2, ante la evidencia del fracaso del “blindaje”. El segundo ministro de Economía renuncia el día 19. Asume el tercero y anuncia el impuesto sobre los debitos bancarios y otras medidas. Se frena la primera ronda del pánico.

. Abril: El nuevo ministro anuncia la reforma de la Convertibilidad; el peso pasa a fijarse en términos del dólar y también del euro. Se reforma por decreto la carta orgánica del BCRA independiente. El gobierno coloca un bono de 2.500 millones de dólares en los encajes bancarios. El presidente del BCRA es removido de su cargo.

. Junio: Canje de deuda pública por un monto de 29.500 millones de dólares; se extienden plazos de vencimiento a cambio de mayores tasas de interés. Se establece un tipo de cambio preferencial para las exportaciones, una semana antes de la aprobación de la ley que introduce el euro en la Convertibilidad.

. Julio: la prima de riesgo argentino salta por encima de 13 puntos porcentuales; cuando la Alianza asumió el gobierno en diciembre de 1999 era igual a 5.9 y cuando renunció el vicepresidente de la Nación era igual a 7.6. El gobierno reconoce que perdió acceso al mercado voluntario de deuda. El Congreso Nacional aprueba la ley de déficit cero. El Secretario del Tesoro de EEUU se pronuncia en contra de un rescate internacional del país. Analistas de Wall Street comienzan a evaluar públicamente la conveniencia de un default argentino.

. Agosto: El FMI aumenta el préstamo stand by de 14.000 millones se dólares a 22.000 millones. Se frena la segunda jornada del pánico.

. Octubre: Victoria de la oposición en elecciones legislativas, con marcada abstención y voto en blanco.

. Noviembre: Agresivo canje de deuda pública en manos de bancos y AFJP. Se establece un límite máximo sobre la tasa de interés que pagan los bancos a los depositantes; la tasa de call money aumenta a casi 700% anual. Rumores sobre la inminente imposición de restricciones a la conversión de depósitos en circulante.

. Diciembre: Se establece el corralito el día 3; quedan así inmovilizados los depósitos a plazo y restringidos los retiros de cuentas corrientes y cajas de ahorro. La prima de riesgo argentino supera 40 puntos porcentuales. El presidente De la Rúa renuncia el día 20.

A fines de noviembre de 2001, el BCRA había agotado sus posibilidades de asistencia a los bancos. En el transcurso del pánico se otorgaron redescuentos y pases activos (con la garantía de bonos públicos) por 9.000 millones de pesos y el encaje global se redujo en unos 10 puntos porcentuales. El respaldo en reservas internacionales cayó por debajo de 80% de la base monetaria (circulante en poder del público + caja chica de los bancos + encajes remunerados y no remumerados). Finalmente, el búnker no pudo aguantar el agresivo lobby político y empresario contra el sistema cambiario y bancario, y el huracán de reformas que cuestionó la convertibilidad del peso y la independencia de la autoridad monetaria y que posibilitó la apropiación de las reservas de liquidez de los bancos.

A la renuncia del presidente de la Nación le siguieron un par de semanas se extrema volatilidad política, la declaración del default soberano más grande de la historia, el abandono de la convertibilidad y una devaluación asimétrica que causará el asombro del mundo por generaciones. Esta devaluación hizo posible la más grave violación de contratos privados de las últimas décadas: los depósitos en dólares fueron convertidos de manera unilateral en depósitos en pesos y las tarifas de los servicios públicos privatizados fueron congeladas indefinidamente. Mientras el tipo de cambio pasaba de un peso por dólar a más de 4 pesos en abril de 2002, el riesgo argentino subía hasta 70 puntos porcentuales en julio y la salida de capitales alcanzaba registros sin precedentes, el desempleo se remontaba a 25% de la fuerza laboral, como en la gran recesión de la década de 1930, y la cantidad de gente pobre estallaba por encima del 50% de la población. La crisis de 2001-2002 quedará en nuestra historia como la peor de todas, por la profundidad de la caída y por la conmoción social y política y el fuerte sentimiento anticapitalista que despertó.

Jorge Ávila

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